John Sayles, un veterano del cine independiente estadounidense y cronista de la clase trabajadora, se sumerge en la turbulenta historia de Henry Ford y el ascenso de Detroit con su nueva novela, Crucible. El libro no trata sólo de coches; es una extensa epopeya sobre la ambición, la explotación y la sangrienta lucha estadounidense por el poder que forjó la era industrial moderna.
El lado oscuro de la innovación
Sayles no rehuye las contradicciones que están en el centro del éxito de Ford. El hombre que puso a Estados Unidos sobre ruedas era también un autócrata despiadado, que desconfiaba profundamente de la experiencia y estaba impulsado por una mezcla volátil de genio y paranoia. Su relación con su hijo, Edsel, ejemplifica esto: Edsel, un diseñador talentoso, fue socavado repetidamente por su padre, solo para ser llorado profundamente después de su muerte, tal vez porque Henry se dio cuenta de que nadie más podía controlar completamente el imperio que había construido.
Esta dinámica presagia una historia más amplia: el imperio de Ford no se trataba sólo de líneas de montaje y eficiencia. Se basó en la represión de la disidencia, la manipulación de los trabajadores y la voluntad de hacer lo que fuera necesario para mantener el control.
Detroit como crisol
Sayles considera a Detroit como el epicentro de esta transformación. Habiendo sido testigo del declive de ciudades como Schenectady, Nueva York, reconoció la fragilidad del poder industrial. Detroit, en la década de 1920, era una “ciudad musculosa”, pero en la década de 1980 era una sombra de lo que era antes. Crucible se centra en el pico de la influencia de Ford (1927, cuando el Modelo A revolucionó el transporte) y el caos posterior que siguió. Este período vio violentas batallas sindicales, tensiones raciales y una supresión despiadada de los derechos de los trabajadores.
Fordlandia: la arrogancia estadounidense en el Amazonas
La historia se extiende mucho más allá de Detroit. Sayles detalla el desastroso intento de Ford de construir una plantación de caucho en el Amazonas, conocida como Fordlandia. El proyecto, impulsado por la negativa de Ford a consultar a expertos, fue un fracaso desde el principio. Se envió a leñadores a cultivar árboles en lugar de a botánicos, lo que provocó revueltas, enfermedades y, en última instancia, abandono. Se presenta como una cruda metáfora de la política exterior estadounidense: imponer soluciones sin comprender el contexto.
Harry Bennett y la parte más vulnerable del poder
El ejecutor de Ford, Harry Bennett, encarna la brutalidad de la época. Bennett, gángster y pintor, operaba al margen de la ley, silenciando la disidencia con violencia y conectando a Ford con el inframundo criminal. Al final, se retiró a un castillo fortificado, destacando la paranoia y la crueldad en el centro de la operación de Ford.
Aniquilación sindical y manipulación racial
La Batalla del Paso elevado, un notorio enfrentamiento entre Ford y el UAW, ilustra hasta dónde llegó Ford para aplastar a los trabajadores organizados. Bennett aprovechó las divisiones raciales ofreciendo a los trabajadores negros salarios más altos para mantenerse leales, enfrentándolos a los huelguistas blancos. Esta táctica no era nueva: reflejaba las prácticas explotadoras de la industria algodonera del Sur, donde se utilizaban divisiones raciales para suprimir los salarios y mantener el control.
El legado de Ford: de visionario a simpatizante fascista
La intromisión política de Ford y su aceptación del fascismo europeo son otro capítulo oscuro. Al igual que los magnates tecnológicos posteriores, ejerció un inmenso poder sobre su estado, impulsando políticas que se alineaban con sus creencias personales. Su virulento antisemitismo, alimentado por teorías de conspiración como Los Protocolos de los Sabios de Sión, es un crudo recordatorio de los peligros del poder desenfrenado y la ignorancia.
Un cuento de advertencia para la era moderna
Crucible de Sayles no es sólo una novela histórica. Es una advertencia sobre los peligros de la ambición desenfrenada, la explotación inherente al progreso industrial y la fragilidad del poder. Los paralelismos entre Ford y figuras modernas como Elon Musk son innegables. Ambos hombres traspasaron los límites pero también ejercieron una inmensa influencia, a veces con un desprecio imprudente por las consecuencias.
La historia sirve como un brutal recordatorio de que el progreso a menudo tiene un alto costo humano y que incluso los líderes más visionarios pueden verse impulsados por los prejuicios, la paranoia y un deseo implacable de control.
