Colisión a alta velocidad: por qué los animales y los deportes de motor no se mezclan

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La reciente carrera de 12 Horas de Bathurst sirvió como un brutal recordatorio de los peligros que acechan más allá de la pista: la vida silvestre. El conductor Chris Mies experimentó de primera mano la violencia con la que se puede producir un impacto a 240 km/h contra un canguro, dejando su Mustang GT3 destrozado y él mismo sacudido. El incidente, descrito con visceral detalle, resalta los graves riesgos que se extienden incluso a los entornos de carreras profesionales.

La anatomía de una colisión

El encuentro de Mies no se trató sólo de daños mecánicos. Las consecuencias fueron descritas como horribles, con el conductor cubierto de restos de animales después del impacto. La fuerza pura de una colisión a 240 km/h con un canguro de 85 kg es suficiente para romper un parabrisas y dejar un trauma psicológico duradero, ya que Mies informó dificultades para eliminar el hedor del animal incluso después de múltiples duchas.

La situación podría haber sido mucho peor. Si Mies hubiera conducido un vehículo con menos protección frontal, como un deportivo con motor central, el resultado probablemente habría sido mucho más catastrófico. Esto pone de relieve una triste realidad: ciertos diseños de automóviles ofrecen una protección mínima contra choques con animales grandes.

Un problema global, no sólo australiano

Este incidente no se limita a la vida silvestre única de Australia. La historia del automovilismo está plagada de accidentes similares, desde un perro corriendo hacia la pista de F1 de Bahréin en 2020 hasta el coma de un mes que sufrió Cristiano da Matta después de atropellar a un ciervo durante una sesión de pruebas en 2002.

Aún más atrás, Stefan Johansson estuvo a punto de sufrir un accidente en el Gran Premio de Austria de 1987 y, trágicamente, Alan Stacey murió en 1960 cuando un pájaro chocó contra su casco abierto en Spa. Si bien los animales más pequeños pueden parecer menos peligrosos, aun así pueden ser fatales, como lo demuestra la reacción instintiva (y brutal) de Andrea Iannone ante una gaviota en Phillip Island.

Riesgos crecientes en la vía pública

El problema se extiende más allá de la pista de carreras. Sólo en el Reino Unido, se producen aproximadamente 70.000 colisiones con ciervos al año, una cifra que ha ido aumentando constantemente debido a los inviernos más suaves y a la expansión de las poblaciones de ciervos que invaden las zonas urbanas. Si bien estos animales son más pequeños (alrededor de 25 kg), golpear uno a gran velocidad aún puede causar daños y lesiones importantes.

El incidente de Bathurst sirve como claro recordatorio de que incluso en entornos controlados de deportes de motor, la naturaleza impredecible de la vida silvestre representa una seria amenaza. Esto no es sólo una cuestión de mala suerte; es una consecuencia de animales poderosos que se mueven libremente en áreas donde circulan vehículos de alta velocidad.

Los choques con animales a alta velocidad siguen siendo un peligro importante, no solo en las carreras sino también en las vías públicas, y la creciente frecuencia de estos incidentes exige una mayor conciencia y medidas potencialmente preventivas.