El dilema del viajero diario: por qué el consejo de Chevron de “conducir menos” choca contra un muro de realidad

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Mientras los precios de la gasolina continúan fluctuando debido a las tensiones geopolíticas (específicamente el actual conflicto que involucra a Irán), el público estadounidense se enfrenta a una presión cada vez mayor en el surtidor. En medio de esta presión económica, Andy Walz, presidente de downstream, midstream y químicos de Chevron, ofreció una sugerencia al público a través de CBS News: Los estadounidenses deberían “intentar conducir menos” para conservar energía.

Si bien la lógica de reducir el consumo para gestionar la oferta es teóricamente sólida, el consejo ha provocado una reacción importante por pasar por alto las realidades estructurales de la vida estadounidense.

La desconexión entre industria e infraestructura

La crítica dirigida a Walz surge de una brecha percibida entre la perspectiva de los ejecutivos del sector energético y la experiencia vivida por el consumidor medio. Para muchos, conducir no es una elección de estilo de vida ni una actividad recreativa, sino una necesidad no negociable.

Cuando un ejecutivo de una de las compañías petroleras más grandes del mundo sugiere conducir menos, ignora una verdad fundamental: gran parte del paisaje estadounidense se construye en torno al automóvil, lo que deja a gran parte de la población sin una alternativa viable a los combustibles fósiles para la supervivencia diaria.

La matemática de la necesidad: por qué conducir no es opcional

Para entender por qué “conducir menos” es un consejo difícil de seguir, hay que observar los datos sobre cómo se mueven realmente los estadounidenses. La realidad es que la gran mayoría de los kilómetros recorridos están ligados a funciones esenciales más que al ocio.

Según datos de EE.UU. Oficina del Censo :
77% de los estadounidenses viajan al trabajo en automóvil.
– Sólo el 3% utiliza el transporte público.
– El viaje promedio de ida cubre aproximadamente 20.5 millas y toma aproximadamente 26 minutos.

Cuando se calculan estas cifras, el estadounidense promedio conduce aproximadamente 13,500 millas por año. De ese total, aproximadamente 9,800 millas se gastan simplemente viajando hacia y desde el trabajo. Esto significa que casi tres cuartas partes del kilometraje anual de una persona típica se dedica al empleo.

Una vez que se tienen en cuenta los recados esenciales (como la compra de comestibles, las visitas médicas y el transporte escolar), el kilometraje “discrecional” u “opcional” que queda para la mayoría de los ciudadanos es notablemente reducido.

Un panorama de obligación, no de recreación

La idea de que los altos precios de la gasolina podrían mitigarse limitando el “joyriding” no está respaldada por datos federales. Una encuesta realizada por la Administración Federal de Carreteras indica que:
– La inmensa mayoría de los viajes se clasifican como esenciales (trabajo, compras, obligaciones familiares).
– Sólo una pequeña minoría de los viajes se clasifican como sociales o recreativos.

Esto pone de relieve un problema sistémico: incluso si todos los estadounidenses decidieran eliminar todos los viajes no esenciales, el impacto en la demanda de combustible estaría limitado por el hecho de que la mayor parte de la conducción es necesaria para una participación básica en la economía y la sociedad.

Conclusión: Si bien reducir el consumo de energía es un objetivo macroeconómico válido, sugerir que los consumidores simplemente “conduzcan menos” ignora la realidad de que para el 77% de la fuerza laboral, el automóvil es una herramienta obligatoria para la supervivencia, no un lujo para el ocio.