Julio Verne plantó la semilla en 1875. En La isla misteriosa, el autor profetizó que algún día el agua serviría como combustible. Afirmó que el hidrógeno y el oxígeno podrían proporcionar calor y luz de una intensidad que el carbón nunca podría igualar. Era ciencia ficción, pero se quedó.
Un avance rápido de un siglo. Entra Yull Brown. El inventor australiano y fanático de Verne afirmó haber resuelto el enigma. Dijo que podía separar el hidrógeno del oxígeno del agua utilizando electricidad. Llamó al resultado “el gas de Brown”. Siguieron otros nombres: HHO, hidroxi, oxihidrógeno. HHO es simplemente una abreviatura de la molécula de H2O. Dos átomos de hidrógeno. Un oxígeno.
Así nació la leyenda del coche de propulsión hidráulica. Durante más de treinta años, el debate ha sido intenso. Especulación. Argumento. Refutación. Las afirmaciones de Brown persisten a pesar de la falta de pruebas. El coche propulsado por agua sigue siendo el equivalente mecánico del Sasquatch. Quizás exista. Quizás no sea así. La fe impulsa la creencia más que la física.
Cómo afirman funcionar los sistemas HHO
La teoría es simple. El sistema utiliza el alternador de su automóvil. Hace pasar una corriente eléctrica a través del agua. El agua contiene un electrolito. Por lo general, esto es sal. La electricidad rompe el enlace entre las moléculas de hidrógeno y oxígeno. Los gases se liberan. Están recogidos. Entran al motor.
Los fabricantes afirman que el hidrógeno tiene miles de veces más densidad energética que la gasolina. Dicen que sólo necesitas un poco. El gas se conduce al colector de admisión. El motor lo aspira. Se produce combustión. El hidrógeno y el oxígeno se recombinan. Lo has adivinado. Agua.
Los creyentes dicen que este proceso aumenta el kilometraje. Reclaman aumentos del 50 por ciento a más del 200 por ciento. Prometen reducir las emisiones. El automóvil que utiliza agua como combustible no sale de las fábricas, pero la promesa permanece.
Por qué el HHO falla en la física
En 2007, el Departamento de Transporte de Estados Unidos publicó un informe. Se analizó la inyección de hidrógeno en vehículos comerciales diésel. El informe sugirió que la inyección de hidrógeno podría aumentar el kilometraje y reducir las emisiones.
Los teóricos marginales de la energía aplaudieron. Vieron validación. Los defensores de la energía limpia vieron una victoria. El hidrógeno es el elemento más abundante del universo. Parecía viable.
Brown y Verne tenían razón, hasta cierto punto.
La electrólisis funciona. La mayoría de los sistemas utilizan una pila de placas de acero. Estos actúan como polos positivo y negativo. El alternador del coche proporciona la corriente. Con hidróxido de potasio como electrolito, la corriente destroza las moléculas de agua. El vacío del motor aspira el gas hacia el colector de admisión. Sus defensores dicen que mejora el consumo de combustible. Dicen que aumenta el kilometraje. O reemplaza el combustible.
La física no está de acuerdo.
Las leyes de la termodinámica son estrictas. Se necesita más energía para crear el gas de la que se recupera. La salida del sistema es menor que su entrada. Estás agotando la batería. El alternador trabaja más. Obtiene más potencia del motor.
Los críticos señalan el volumen. Un coche necesita mucha energía para moverse. Se necesita mucho gas para producir esa energía. El alternador no puede producir la corriente necesaria para generar suficiente HHO para reemplazar el combustible. Las matemáticas no cuadran.
Cuidado del comprador y riesgos prácticos
El mercado de estos sistemas está abarrotado. Varios sitios venden placas de circuitos prefabricadas. Se conectan al módulo de control del motor (ECM). El objetivo es engañar a la computadora. El ECM cree que todo está bien.
Esto es peligroso. Modificar la electrónica puede dañar el motor. Las relaciones aire-combustible incorrectas provocan golpes. Calentamiento excesivo. Fracaso catastrófico.
Las pruebas de emisiones son otro riesgo. Si el sistema altera la combustión, el coche puede fallar. Las multas cuestan más que el propio sistema. ¿Los ahorros que crees que estás obteniendo? Son ilusiones.
El veredicto
Los sistemas HHO son fascinantes. Representan potencial. Inspiran a los manitas. A los soñadores les gusta construir tecnología peculiar. Hay una pizca de verdad en el concepto de enriquecimiento con hidrógeno. ¿Pero realmente funciona como fuente de combustible?
Probablemente no. El coste energético para generar el gas supera la energía devuelta. La carga del alternador anula cualquier ganancia menor de eficiencia. La física es clara.
Quizás algún día veas un Sasquatch conduciendo un Pinto impulsado por agua. Pero hasta entonces, el coche acuático sigue siendo un mito. Uno convincente. Pero un mito al fin y al cabo.

















